Caída

Por David el 12 de marzo de 2010

Incluso desde dentro de la nave, Niove era incapaz de escuchar el ruido de los dos motores debido a la velocidad del viento. Miró al horizonte, donde se veían la pequeña zona que estaba siendo terraformada. Entre ella y ese bosque, se encontraban los miles de kilómetros del desierto marciano. Su entrenador de salto gritaba instrucciones, pero ella no prestaba atención, dejando que su musa, la inteligencia artificial que la acompañaba siempre y a la que llamaba irónicamente Prometeo, se enterase de todos los detalles. El salto duraría bastante y sabía que tendría tiempo para revisar todo lo que le estaba diciendo su instructor. Dejó que su mente vagase y se maravillase con el espectáculo del desierto rojo. Sabía que sus implantes de memoria estaban registrando todo el salto y que tendría un registro accesible en cuanto todo hubiera acabado, pero necesitaba saborear el momento.

Pudo ver el Sol, reflejado varias veces en los satélites orbitales que aumentaban su potencia para calentar el planeta. Miro de nuevo al suelo y volvió a ver el reflejo en uno de los lagos que se habían creado en los últimos años. En ese momento, le pareció ver una sombra cruzar el suelo y al mirar hacia arriba creyó ver una figura, como un pájaro, moviéndose en el cielo. Sabía que no había animales de ese tipo en Marte ni los habría en bastante tiempo, la terraformación del planeta era demasiado lenta para eso, deberían pasar siglos antes de que empezasen a introducir animales. De repente, Prometeo le lanzó un par de señales de aviso. Se volvió en el momento en el que su entrenador de salto le gritaba.
—¿Has oído una sola palabra de lo que he dicho?
—Por supuesto,— mintió enseguida Niove. Prometeo comenzó a mostrar ante sus ojos una transcripción de todo lo que había dicho el entrenador en los últimos diez minutos y Niove lo repitió, con la suficiente seguridad para que el entrenador se quedase contento. Se acercó a la puerta y respiró profundamente. El instructor se le acercó por detrás, con intención de ayudarla, pero ella rechazó la mano que intentó sujetarla por la cintura.
—El objetivo está hacia el Sur, ¿no es así?
El instructor movió la cabeza hacia arriba y abajo lentamente. Niove se giró, dándole la espalda a Marte y se dejó caer a través de la puerta abierta de la nave. Sintió enseguida el momento en que sus pies dejaron la nave, aunque por inercia siguió moviéndose junto a ella unos segundos. Miró la superficie de Marte, algunos kilómetros bajo ella. Respiró profundamente. Aun necesitaba una máscara reguladora para respirar fuera de las ciudades presurizadas, pero sabía que en apenas unos años no sería necesario. Sobre la visual del planeta, Prometeo le mostraba todos los datos que necesitaba, la velocidad de caída, la distancia hasta el suelo, la dirección del punto de recogida… En ese momento, para disfrutar de la sensación, apagó por completo todos sus sistemas electrónicos. Prometeo protestó, con miedo, pero solo por unos segundos, Niove quería disfrutar de la sensación en total libertad. Por un instante, la sensación fue similar a quedarse ciega, pues estaba demasiado acostumbrada a sus sentidos aumentados, pero enseguida vio el desierto bajo ella de una manera en la que nunca lo había visto. Dejó que el viento la meciese, que su cerebro vagase, libre del continuo flujo de información que sentía cuando sus sistemas estaban activos. Giró el cuerpo con un movimiento de la cintura, para mirar al cielo y extendió los brazos. Por primera vez en su vida, dejó de estar alerta para disfrutar de la sensación de libertad.
En ese momento, vio la nave de la que había saltado alejándose y sobre ella una sombra en el cielo. Instintivamente activó nuevamente todos sus sistemas. La sombra alargó lo que parecían alas y con un movimiento rápido, golpeo a la nave. Niove había desenfundado su pistola mientras Prometeo comenzaba a lanzar todos sus sistemas externos. Niove notó que estaba más cerca del suelo de lo que pensaba. Debería haber desplegado el paracaídas antes. Prometeo fue más rápido y los lanzó. Justo en ese momento la nave, que seguía bajo el ataque de la figura alada, estalló.
El choque del aire al desplegar sus alas y la explosión en la distancia la hicieron perder el control durante una fracción de segundo. La mano que sostenía la pistola tembló y perdió el agarre. Miró como la pistola comenzaba a alejarse de ella y pudo ver como la figura alada comenzaba a girarse contra ella. Reaccionó con rapidez, guardando nuevamente el paracaídas y extendiendo su cuerpo para minimizar la fricción con el aire. Prometeo mostraba mensajes de aviso constantes. Hacía bastante tiempo que había pasado la distancia de seguridad. A esta altura, iba a ser muy difícil conseguir frenar lo suficientemente rápido. Niove dejó de pensar en la figura que la perseguía y en los avisos para concentrarse en llegar a la pistola que caía. Sabía que la figura se debía estar acercando, pero le importaba poco. Tras unos segundos en los cuales lucho para evitar que el pánico se apoderase de ella y en los que evitó pensar en los avisos de Prometeo, alargó su mano y dejó que sus dedos se cerrasen en torno al mango de su pistola. Justo en ese momento activó el paracaídas y extendió su cuerpo al máximo, frenando ligeramente su caída. La criatura, que se encontraba ya encima de ella, perdió el ángulo debido al frenazo y le pasó justo debajo. Niove pudo sentir como las alas le rozaban y sin pensarlo, disparó a la parte trasera de la cabeza de la criatura. El grito que esta lanzó fue aterrador, pero Niove sabía que no había fallado. La criatura, que ahora que podía verla parecía un halcón gigante, con una envergadura de alas de casi cuatro metros, comenzó a caer debajo de ella, muerto.
Solo entonces notó Niove lo cerca que estaba el suelo, y la velocidad que llevaba. Los avisos de Prometeo no dejaban de molestarle y, frustrada, solo pudo gritar un “¡ya lo sé!” que hizo que parasen. Debajo de ella, solo había desierto y como última medida, cuando estaba prácticamente a ras de suelo, se recogió las piernas y guardó la cabeza entre ellas.
El impacto fue tremendo. Una vez golpeó el suelo, notó como perdía el control de su cuerpo. Salió de nuevo despedida algunos metros y al caer se arrastró otros tantos. Un análisis biométrico de Prometeo le demostró que el dolor del brazo se debía a que lo tenía roto, pero por lo demás, solo magulladuras y cortes. Se incorporó con dificultad y miró el desierto a sus pies. Poco a poco, alzó la cabeza hacia el cielo de Marte, cubierto por una atmósfera falsa y sonrió. Solo unos años más y este lugar sería la nueva Tierra. Y aun así, pese al control tan férreo que pensaban que tenían sobre él, el planeta ya empezaba a luchar contra ellos. 

 

 

Ambientado en el universo de Eclipse Phase.

[ Tags: futuro, violencia ]
Comentario de Jack Graham

This piece made me wish my Spanish were better. As is, I had to read it through Babelfish, but I still liked it. Thanks!

#1, 10 de septiembre de 2010, 10:59
Comentario de Sepherim

Mola! ¿Vas a escribir más sobre Eclipse Phase?

#2, 10 de septiembre de 2010, 10:59
Comentario de Fran

Felicidades ^__^

#3, 10 de septiembre de 2010, 10:59
Comentario de Iván

Que buen sabor de boca, si señor.

#4, 10 de septiembre de 2010, 10:59
Comentario de Eliana

simplemente... GENIAL ;)

#5, 10 de septiembre de 2010, 10:59
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