Por David el 13 de abril de 2010

"Blue eyes, blue eyes,
how can you tell me so many lies?"
Steve Harley & Cockney Rebel - Make Me Smile
Pese a los años que han pasado recuerdo claramente un detalle sobre ella. Sus ojos tenían el color azul del cielo en una película de dibujos animados.
El último día que la vi se perdió en mis brazos. Jamás una mujer se me entregó tanto. Me agarró la cintura con fuerza mientras me besaba mordiendo mis labios. Sus uñas comenzaron a arañarme la espalda en el momento en el que me quité la camiseta. Por un momento llegué incluso a asustarme, pues nunca había sentido tanta pasión. Caí sobre la cama y ella cayó encima de mi. Intenté por todos los medios no mirar sus ojos, pues no me encontraba preparado para ellos. Me perdí en sus pechos y entre sus piernas mientras que ella dejaba sus marcas sobre mi cuerpo. De repente, me cogió de los pelos y tiró con fuerza hacia atrás, obligándome a mirarla fijamente.
—Prométeme que tú nunca me mentirás, —me dijo.
Tragué saliva aterrorizado. Nunca fui capaz de aguantarle la mirada, pero ahora me estaba obligando. Me di cuenta entonces de lo mucho que la quería y lo poco que la merecía. Fui tan cobarde que lo único que pude hacer fue asentir. Sonrió como si eso fuese todo lo que necesitaba y me besó de nuevo. Cerré los ojos y me concentré en sentir como sus manos recorrían los arañazos de mi espalda. Cuando los volví a abrir habían pasado varias horas y ella no estaba en mi cama.
Me levanté confuso y maldiciéndome en voz baja. No obstante, ella estaba esperándome en la cocina, mirando por la ventana y bebiendo una cerveza. Me senté a su lado sin saber que decir y ella me sonrió.
—¿Siempre le has tenido tanto pánico a las mujeres? —me preguntó.
Le dije que no, que ella había sido la primera que me había afectado de ese modo y volvió a sonreír. Intentó mirarme de nuevo y esa vez me propuse no apartar la mirada, pero fracasé. Aguanté un par de segundos mirándola y me enamoré perdidamente de ella. Tuve que girarme para mirar por la ventana.
—¿Me amas? —preguntó.
En ese momento volví a sentirme pequeño e inadecuado. Tardé bastante en contestar y cuando lo hice, rompí mi promesa de no mentirle. Seguí mirando por la ventana esperando una respuesta, pero solo escuché la puerta cerrarse.
Jamás volví a saber de ella.