Por David el 02 de agosto de 2011
Cuando llego a casa, veo que sobre la mesa hay tres serpientes de papel. Son delicadas, frágiles, pero me dan asco. Ella, su creadora, está sentada en el sofá, en la misma postura que tenía cuando salí esta mañana.
—¿Qué coño es esto? —pregunto señalando las serpientes.
Se mueve lentamente y señala a la primera.
—Esta eres tú, cobarde y mentirosa, —veo como su mano avanza por la mesa a cámara lenta. Algo no está bien y un sudor frío me recorre la espalda.
—Esta soy yo, cobarde y mentirosa, —dice señalando a la segunda.
No la dejo seguir hablando. Me acerco a la mesa y cojo las tres. Arrugo el papel en mis manos hasta que es todo una bola y no queda ni rastro de las serpientes.
—¿Quieres saber quien era la tercera?
—No, —contesto.