Por David el 21 de julio de 2009
Estabamos parados en el coche preguntándonos si ir a la derecha o a la izquierda. Detrás dejábamos una carretera en la que habíamos gastado gran parte de la gasolina que llevábamos. Nuestros mapas no servían de nada, pues tanto el suyo como el mío eran de paises distintos a este. Ninguno de los dos tenía ni idea de donde estábamos pues jamás habíamos llegado tan lejos. Por encima de nuestras cabezas, los buitres revoloteaban esperando que nuestra indecisión nos convirtiese en su cena. Bajé del coche y lo primero que hice fue mirar hacia atrás. Me volví a ella, que también estaba bajando del coche e intenté llamar su atención, solo para que mirará conmigo el camino que habíamos recorrido, pero ella, que siempre fue más práctica que yo, se dirigió a la señal que había en el cruce. La seguí de cerca, mientras se acercaba al cartel indicador. Con delicadeza, lo acarició con su mano para quitarle el polvo y leer la señal que apuntaba a la derecha. Susurró en voz baja: "Felicidad". No obstante, yo miré el cartel y leí Aburrimiento.
Se giró y acarició ahora el otro cartel y esta vez, tanto ella como yo leímos Odio. Me miró con lágrimas en los ojos mientras que yo la ignoraba y leía el cartel que apuntaba a nuestra carretera de origen. Este estaba complentamente limpio, al contrario que los demás y se leía con total claridad Pasión. Volví a mirar el camino y le pregunté si podíamos quedarnos allí.
"Ven conmigo a la derecha, por favor," me dijo mientras lloraba.
"No hace falta, amor," le dije creyéndome que tenía la más remota idea de lo que estaba hablando. "Vamos a quedarnos aquí, en serio."
Y con su mano, tan delicada y tan llena del polvo de los carteles, me acarició la mejilla y me plantó un beso en los labios.
Entró en el coche y lo arrancó, mientras que yo me quedaba como un idiota mirándola. Poco a poco tomo el camino de la derecha y se perdió para siempre de mi alcance. Mientras tanto, yo me quedé en la carretera por la que había llegado hasta este punto hasta que de repente los buitres se fijaron en mi. Volví a leer los carteles indicadores y me di cuenta que ella había tenido razón. Felicidad donde yo creí haber leído Aburrimiento y Odio en el otro.
Por supuesto, intenté dirigirme a la derecha, pero mi dislexia me hizo nuevamente tomar el camino equivocado, alejandome para siempre de ella.