Por David el 19 de agosto de 2011
El espectáculo debería continuar, me dijeron. Encima de mi, escucho a los helicópteros y enfrente, a la multitud que grita, incapaz de saber que está pasando.
Por fin comienzo a ascender. En pos del espectáculo, hago que mis recién adquiridas alas estén envueltas en llamas. Los helicópteros se vuelven locos, se separan y ponen en posición de ataque. La gente corre, grita y se aplasta. Veo cientos de flashes y cámaras grabándome, inmortalizando el momento en el que todo cambia para todos.
El resto de mis amigos están confusos. No saben a que atenerse. Se alejan de mi y no les culpo. El fuego que me rodea y mis alas les destruirían si se acercasen lo suficiente. Veo pánico en sus caras y siento lástima por ellos, pues sé que nunca sentirán lo que yo siento ahora mismo.
El espectáculo debe continuar, pienso y mientras todos me miran y comienzo a cantar con mi nueva voz, solo puedo pensar en que ahora, por fin, no solo me están escuchando, sino que me entienden.