Por David el 22 de abril de 2011
Desnuda bajo la atenta mirada de la luna, Lenna bailaba. Dejando atrás sus preocupaciones y sus miedos, sin sentir prisa, sin apenas respirar, bailaba. Lejos, en el pueblo, los hombres que la amaban la buscaban desesperados. En apenas dos días, Lenna debía elegir amante. Era la mujer más guapa del reino, la princesa, la deseada. Quien la desposase sería envidiado, temido, respetado. Pero mientras Lenna bailaba, sus pretendientes no podían encontrarla.
Fue el cazador quien encontró el rastro de prendas perdidas, casi desde la misma puerta, que poco a poco llevaron a los hombres que la amaban al lugar donde la deseada princesa bailaba, muerta desde hacía horas, bajo el agua. En el cielo, la luna miraba la escena, atenta, consciente de que era la única que lloraba por Lenna. Los hombres que la amaban, en esta ocasión, lloraban solo por ellos.