Por David el 06 de mayo de 2011
En la pantalla se ve una habitación casi vacía de lo que parece un complejo industrial abandonado. En el centro, un hombre se encuentra atado a una silla, con una mordaza en la boca. El segundo hombre se le acerca despacio y comienza a hablar.
Hay dos formas de sentir terror, ¿sabes? La primera no tiene ningún secreto, es la misma que estás sintiendo ahora... El pánico a la muerte, a lo desconocido... Es el mismo terror que sentían tus antepasados si despertaban y encontraban un oso en la puerta de su cueva. Todos hemos sentido eso alguna vez, es un pánico egoísta, sencillo y muy primario.
El que quiero que experimentes es el otro. El horror existencial, el miedo a que todo lo que consideras importante desaparezca para siempre, el miedo al infinito... Ese es el pánico que siente un científico al notar que su proyecto va a crear en agujero negro que se tragará la galaxia, lo que sentía Lovecraft al escribir sobre los profundos. Es el miedo a que, después de todo, nada tenga sentido.
¿Y sabes por qué quiero que lo sientas? Porque nada tiene sentido. Cuando lo descubras... Bueno, cuando lo descubras pasarás a ser como yo...
El hombre que está de pie se acerca paso a paso al que está atado a la silla, dando la espalda a la cámara, y acerca su cara a la suya. Cuando está lo bastante cerca, el hombre atado comienza a gritar hasta caer inconsciente, debido posiblemente a la falta de oxígeno. El captores entonces se gira a cámara y sonríe, con una sonrisa de medio lado. Desata al hombre inconsciente y abandona el lugar.
Media hora después, el hombre que estaba atado despierta y se incorpora, mirando a cámara, sonríe con una sonrisa de medio lado y abandona el lugar.