Por David el 30 de agosto de 2011
—No, —dijo Big con firmeza. —No hay ningún fantasma aquí.
El hombre que le había pagado por visitar su casa seguía nervioso, temblando ligeramente. Era muy delgado y calvo y tenía ojeras de no haber descansado bien desde hacía algún tiempo.
—¿Está… está seguro de eso?
—Completamente, —Big era grande, haciendo honor a su apodo. Tenía la barba descuidada y el pelo recortado de manera irregular. Sus hombros estaban ligeramente inclinados hacia delante y miraba fijamente al espacio vacío que quedaba en la habitación.
—Pero… pero, —tartamudeo el dueño de la casa. —Los ruidos… lo de las puertas… tiene que haber algo, me estoy volviendo loco.
Big se volvió y le miro a los ojos. El tipo retrocedió un paso, asustado ante la fuerza de esa mirada.
—Efectivamente, se está volviendo loco. Está convencido de que debería tener mala suerte, es usted un hombre mediocre, simple y avaricioso que nunca se ha encontrado cómodo con su vida. Eso le lleva a creer que todo esto, —señaló a un montón de papeles tirados por el suelo, —es algo más que una mofeta que se cuela en su casa, o que corrientes de aire que le cierran las puertas son fuerzas del Mas Allá. De ese modo, usted puede, por una vez, ser la víctima en lugar del culpable. Me ha pedido mi opinión profesional, y lo que yo pienso es que la única tragedia en esta casa, ha sido toda su vida.
—¿Cómo… cómo se atreve?
—Me atrevo porque me ha pagado por ello, porque llevo haciendo esto durante años y porque estoy harto de la gente como usted. Usted quería alguien que le viniera y le hiciese cuatro bailes y cuatro mierdas, para irse contento a la cama por una noche, pero se equivocó al llamarme a mi. Resulta que soy el único puto cazafantasmas de esta ciudad, y que sé reconocer cuando no hay nadie aquí.
—¡Váyase de mi casa!
Big sonrió.
—Con mucho gusto, —dijo.
***
Ya en la puerta, sacó un paquete de chicles de menta y se metió dos en la boca. Miró por la ventana de la habitación en la que acababa de estar, y vio a la chica pálida que había visto en el espacio vacío de la habitación. Está le sonrió y dijo gracias con la boca, a sabiendas de que Big le escucharía. Se aseguró de que el hombre estaba mirando por la mirilla de la puerta y movió la mano para despedirse de la fantasma.