Por David el 28 de agosto de 2009
La primera vez que le vi fue en mis sueños, mientras volaba sobre un campo de amapolas. Me miro con ojos grises y aburridos y preguntó si sabía donde estaba la calle Manuel Rivera.
Asumí que se trataba de algún truco de mi subconsciente por lo que lo ignoré hasta la mañana siguiente, cuando baje a por el correo y estaba al lado de mi buzón preguntandome por la plaza de la Merced. Subí a mi casa indignado con su persecución y cerré la puerta con fuerza. Entré en la ducha para intentar relajarme, pero mientras me enjabonaba él volvió a aparecer. "Disculpe, ¿la parada de metro más cercana dónde cae?".
Le solicité que se fuera a la mierda, harto de la invasión a mi intimidad y se fue, murmurando algo sobre mi falta de educación.
Todavía bastante disgustado encendí la televisión mientras desayunaba y allí le volví a ver, junto al tertuliano matinal, preguntándole: "¿Podría decirme dónde queda la mierda?"