Por David el 03 de julio de 2009
Estamos sentados en el borde del tejado del edificio más alto de la ciudad. Hemos llegado aquí gracias a que ella es amiga del amigo de tal de cual y como siempre, nos ha conseguido acceso. Le pregunto si todavía quiere saltar y me mira, con lágrimas en los ojos.
Me pregunta si la amo y le digo que claro. Como he amado a toda la gente que me soporta, a toda la gente que es capaz de superar el hecho de que, en el fondo, estoy como una puta cabra, y aun así disfrutar de mi compañía. Miro directamente a sus ojos y le pregunto que cómo podría no amarla. Mira hacia abajo y me responde que podría hacerlo igual que toda la gente que no la ama y yo le digo que la gente que no la ama lo único que tiene es miedo.
Se pone a cantar una canción que me hace llorar. La miro y le pregunto si me ama y me dice que no, que si me amase jamás podría ser mi amiga y terminaría odiándome.
Le pregunto si todavía quiere saltar y me dice que no, que ahora prefiere volar, de modo que me coge de la mano y bajamos las escaleras. Al día siguiente ella es feliz por fin y yo...
A mi no me dejan volver a entrar al edificio más alto de la ciudad...