Por David el 04 de diciembre de 2009
"¿Fumas?"
Hago un gesto negativo con la cabeza y, en deferencia a él y con la humildad aprendida de los modernos apestados, se levanta y se sienta en la ventana, sacando un paquete de su bolso y encendiendo su cigarrillo mientras intenta no mirarme. Yo, en cambio, no le quito ojo de encima. Su cuerpo pálido contrasta con la oscuridad de la noche que entra por una ventana que no tendría lugar en ningún sitio que no fuera un hotel. Es, con diferencia, la mujer más guapa con la que me he acostado recientemente. Sus pezones están erectos, supongo que por el frío esta vez, pero no puedo evitar pensar en como jadeaba mientras jugaba con ellos hace un rato. Se da cuenta que la estoy mirando pero disimula, centrando toda su atención en recoger el humo que luego deja escapar.
"Es curioso," digo al cabo de unos segundos. Está claro que aun no he aprendido a callarme. "Recuerdo perfectamente a la primera mujer con la que me acosté a la que no recuerdo."
"Eso no tiene sentido," dice ella dejando escapar una sonrisa. "O recuerdas algo o no."
"Me refiero a que la recuerdo a la perfección. Normalmente estos encuentros se mezclan en mi mente, una vez que salen por la puerta o que yo me voy, pierdo su cara, su olor, su sabor... En cambio, recuerdo cada segundo de aquella primera mujer a la que nunca volvería a ver."
"¿Me recordarás a mi?" me pregunta.
"No creo. ¿Sabes? Recuerdo incluso el momento exacto en el que nos presentemos. La puedo ver, apoyándose contra mi hombro, dejando que sus dedos me acaricien el brazo, y escucharla diciendo Me llamo... Pero me faltan esos segundos, ese nombre."
"Si te sirve de consuelo," me dice desde la ventana. "Yo no presté atención al nombre que me diste, supuse que sería falso."
Esta vez soy yo quien sonríe. "Te di el de verdad, de hecho. No me quedan nombres falsos."
"Entonces me alegro de no haberte prestado atención," me dice mientras me mira fijamente a los ojos.
"¿Sabes qué? Creo que me gustas," le digo mientras sonrío.
"Tú a mi también," me dice mientras se acerca contoneándose, sus pezones aun firmes a pesar de que se ha alejado del frío de la ventana. "Menos mal que no voy a volver a verte jamás."
Foto por Victor Saboya.
Inspirado por Jesús Fabregat.