Por David el 23 de febrero de 2010
La draenei se encuentra sentada en una habitación oscura y poco iluminada. A los pies de su cama, una armadura abollada descansa, esperando a la siguiente batalla. Sobre la mesa, una urna sin apenas adornos está colocada al lado de un candelabro que ilumina a la paladina mientras escribe sobre un pergamino agrietado. Un pequeño tarro de tinta negra completa la decoración de la estancia.
Querido Padre:
Estoy perdiendo la dirección. No, miento. Estamos. Sé que me ordenaste ponerme a las ordenes de los humanos y su Alianza y sí, he conocido a grandes y valientes guerreros y he combatido a la Plaga, a los ejércitos del Traidor, a la Legión Ardiente… Sobre todo a la Plaga, desde luego, y seguiré haciéndolo mientras la Luz me guíe y quede un soplo de vida en este frágil cuerpo. Pero mi pregunta es, ¿Padre, por qué luchamos?
Recientemente conocí a un gnomo, a pesar de su dudosa moralidad y sus rudos modales, es un guerrero de una fiereza extrema que ha luchado contra dragones enloquecidos, contra titanes esclavizados, incluso contra esas aberraciones a las que llaman Dioses antiguos. Ahora forma parte de la Cruzada abierta contra la Plaga en Rasganorte y durante uno de nuestros descansos, le pregunté lo mismo que te pregunté a ti, Padre. Le pregunté por qué luchaba, y me contestó que lo hacía por su amada. Me pareció un motivo noble y me sorprendió, pero dos cervezas más tarde, el gnomo terminó de contar su historia. Su amada murió al final de la Tercera Guerra, Padre. Lucha por un fantasma, por un eco del pasado.
Aun tiemblo al pensar en lo sucedido tras la Puerta de la Cólera, Padre. El rey Wrynn decidió “liberar” la antigua Lordaeron, hablando para siempre de lo corrupto de la ciudad, de como la Horda se ha hecho con ella. Esperando junto a la ciudad, vi unos muros majestuosos y, por un momento solo, creí en sus palabras. Luego entramos y, por la Luz, no volvería a poner un pie allí. La ciudad no es sino una manzana podrida, entramos por una cloacas enfermizas y sucias y una vez dentro, nada nos aguardaba salvo muerte y demonios. Aun así, el rey jamás cejó en su empeño y de no haber sido por la maga Valiente, creo que la mayoría de los allí presentes no hubiéramos sobrevivido. Es horrible, Padre, pero el rey lucha por una manzana podrida, de nuevo otro eco del pasado.
Y ese es mi problema, Padre, todos estamos luchando por sombras de lo que fue, cuando apenas tenemos futuro. Por eso siento que estoy perdiendo la dirección, que estoy perdiendo los motivos por los que luchar y por los que seguir viviendo.
Os hecho tanto de menos, Padre.
Shannya de la Cruzada Argenta.
La paladina se levanta, en la instancia poco iluminada y recoge la carta. La relee, haciendo esfuerzos para contener sus lágrimas, y contenta con el resultado, la acerca a la llama de la vela más cercana. El pergamino es destruido casi de inmediato y la draenei deja que las cenizas caigan en sus manos. Con un gesto, destapa la urna que se encontraba en la mesa y deja caer las cenizas de sus manos junto a las que ya estaban en la urna, junto a los únicos recuerdos que guarda de su padre.
Inspirado en el universo de Warcraft