Querer

Por David el 29 de abril de 2011

—¿Qué quieres de mi?
—¿Qué te hace pensar que quiero algo?
Me mira, con esos ojos negros que han hecho perder la cabeza a reyes y héroes. Me mira sabiendo que no puedo defenderme y sabiendo que va a conseguir lo que desea. Juega conmigo, como un gato con un ratón atrapado. La odio mientras apoya su mano sobre mi pecho, sin dejar de sonreír. La detesto mientras, con los labios entreabiertos, acerca su boca a la mía y roza mis labios, en una burda parodia de un beso que hace que mi corazón se detenga un segundo.
—Las mujeres como tú siempre queréis algo.
—Jajá, —dice sin reírse. —¿Y tú qué sabrás sobre las mujeres como yo?
Sigo paralizado. No sé si estoy realmente hechizado o si me siento demasiado sobrepasado por la situación. Me siento como una ardilla frente a los faros de un coche, como un ratón frente a una serpiente. Quizá si me hago el muerto, quizá entonces se vaya. Por supuesto, sé que no lo haré, su hechizo es demasiado poderoso.
—Sé que estás acostumbrada a conseguir lo que quieres. Sé que eres competitiva, ambiciosa y que no te importa usar cualquier método para llegar a tus fines.
Me desabrocha un botón de la camisa y coloca su mano sobre mi piel.
—Me estás estereotipando, cariño, y eso no me gusta, ¿qué dirías tú si yo dijese que todos los hombres son idiotas y manipulables?
Mientras habla, hace descender su mano por mi pecho, llegando a mi cinturón y metiendo las uñas, que comienzan a arañarme.
—Te diría que tienes toda la razón.
Esta vez se ríe de verdad, echando la cabeza hacia atrás y llenando la habitación, en la que hace tiempo que solo había susurros. No mueve la mano, pero tengo la impresión de que ha seguido descendiendo y noto ya sus dedos jugando dentro de mi pantalón, pero sin llegar a tocarme. Ya ni siquiera puedo temblar. Me ha vencido y sea lo que sea que necesita, no podré negarme. Le pregunto de nuevo.
—¿Qué quieres de mi?
Y entonces se acerca a mi. Me sujeta por la nuca con la mano que le queda libre y acerca sus labios a mi oído. Con un susurro que suena más fuerte que su carcajada anterior, me lo explica.
—Quiero que me hagas feliz.
Y yo, desdichado de mi, atrapado y hechizado, hago otra promesa que no seré capaz de mantener.

[ Tags: mujeres ]
¿Quién eres?
Sobre los comentarios

Recuerda que expresas tu opinión, no la nuestra, por lo que eres responsable de lo que escribas.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos poco apropiados, fuera de lugar o no relacionados con el tema tratado.

Centrate en el tema y respetemonos mutuamente.