Por David el 29 de diciembre de 2009
20:00 de la tarde. Aburrido. Aun pienso en ti. Debería empezar a pensar en ir saliendo de la cama. Al menos forzarme a mi mismo a ducharme, porque puedo olerme a mi mismo y apesto. Aun pienso en ti. Doy otra vuelta y descubro que este lado de la cama está frío, de modo que me quedo en él para calentarlo. Es el lado en el que tú solías dormir y creo que te lo mereces.
20:21. Escucho ruido por la ventana, en la calle. Alguien está gritando. Al parecer ha pasado algo grave. Ni siquiera me muevo para intentar saber que ocurre. No merece la pena. Aun pienso en ti. Aburrido.
20:28. Veo el humo negro entrando por la ventana y aun pienso en ti. Poco a poco me va costando más respirar. Es mi castigo, me repito una y otra vez. Es mi castigo por no dejar de pensar en ti, por no ser capaz de olvidarte y por lo mucho que me dueles. Escucho las sirenas de bomberos acercándose y sé que no llegarán a tiempo. Ambos lados de la cama están cálidos ahora. Aburrido y asfixiándome y sí, aun pienso en ti.