Por David el 27 de noviembre de 2009
La pelota cae cuesta abajo y yo corro detrás. De repente, un señor la para con el pie. Me doy cuenta que soy yo mismo veinte años después y me pido la pelota. Lentamente, como si estuviera cansado, me la devuelvo. Me separo sin hablar y pienso: "maldito pijo de ciudad" mientras mi yo anciano piensa: "puto crío de pueblo."