La Reina de los Espejos

Por David el 15 de diciembre de 2009

Ante mis ojos, colores que nunca he visto. En mis oídos, sonidos que nunca creí escuchar.
Delante de mi, mi destino. Delante de mi, tú, la Reina de los Espejos.
La sangre que mancha mi espada gotea en el suelo, marcando el ritmo dentro de esta cueva de cristal. Te pregunto si acaso me esperabas y respondes que claro, que siempre lo has hecho. Detrás de mi, mis enemigos vuelven a la vida, uno a uno, mientras tú sonríes sardónica, convencida que nada de lo que yo haga puede llegar hasta ti.
Hinco la rodilla en el suelo y veo mi reflejo repetirse cientos de veces. El suelo está hecho de espejos, el techo está hecho de espejos al igual que las paredes. La sensación es de infinitud, el espacio jamás termina y tú y yo no somos más que una de las miles de imágenes idénticas que se reflejan por la inmensidad.
Sigues sonriendo, dejando que tu traje de colores que nunca he visto ni sabría como llamar baile libre, a pesar de que el aire es estanco y no hay viento. Apoyo mi mano en el pequeño charco de sangre que se ha formado en el suelo y dejo que mis dedos tracen tres surcos, que se repiten una y otra vez encima, debajo y a mis lados. Te has acercado mientras esos sonidos que soy incapaz de reconocer resuenan en mis oídos y con suavidad pero con una mano fría como la plata, acaricias mi mejilla. Me ofreces tu compasión y yo te recuerdo que he masacrado a tus esbirros por la oportunidad de matarte. Me preguntas si seré capaz de matarte y contesto que no.
Hace días, estaba seguro de que podría. Mi odio por ti forjó mi espada, templó mi armadura. Hace días comencé a buscarte, convencido de que tu sangre a mis pies me devolvería mis motivos por los que vivir. Hace días era un idiota idealista.
Ahora, ahora soy solo un idiota acabado mientras que tú me acaricias, pidiéndome que me una a ti. Es entonces cuando escucho de nuevo a mis enemigos, entrando de nuevo en la habitación y sé que decida lo que decida, perderé mi vida o mi dignidad, posiblemente ambos. Tu tacto es dulce, aunque frío y poco a poco me devuelve a la realidad. Mi mano sigue manchada de sangre y mientras mis enemigos se acercan, las acerco a mi cara, donde las huelo.
Es entonces cuando decido que si no puedo derrotarte, no merece la pena luchar y levanto mi espada, apoyándola contra mí. En ese momento, por primera, te noto vacilar. Los espejos tiemblan por un momento mientras que mis enemigos contienen el aliento por un momento. Te miro y noto que en tu vientre, en el lugar donde tengo apoyada mi espada en mi cuerpo, hay una fina línea de un color que por fin reconozco, un fino destello carmesí.
Cuando me clavo la espada, comprendo por fin porque eres la Reina de los Espejos. Cuando veo el miedo en tus ojos y el dolor deformando tu boca mientras mis heridas aparecen en tu cuerpo, cuando entiendo que para derrotarte nunca hizo falta un héroe, sino alguien sin motivos para vivir.

[ Tags: mujeres, violencia, magia ]
Comentario de Raul

Magistral

#1, 07 de febrero de 2012, 22:18
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