Idiomas

Por David el 10 de julio de 2009

1.
La falta de luz del bar era una ventaja, ya que impedía ver el estado del suelo o de la gente que allí estaba. Los sillones eran todos distintos, posiblemente recogidos de diferentes basureros y la cerveza era demasiado barata, casi la mitad de lo que costaba en el resto de locales de la calle. El dueño estaba sentado en una recreativa, jugando a un juego de hace diez años y ella estaba sentada delante de mi. Movía los labios, hacía gestos preocupados, bebía mucho.
"No estás escuchando nada de lo que te digo, ¿verdad?," pregunta.
"¿Cómo? No puedo oirte bien."
"Me persigue la policía," comentó.
"Perdona, ¿qué has dicho?"
Estaba impaciente, la escuchaba hablar pero como si lo hiciera en otro idioma. La veía frustada, odiándome más a cada segundo. Yo me sentía cada vez más hundido en el sillón en el que estaba, que como anecdota, era un asiento de autobús arrancado. Entre nosotros, la mesa pequeña en la que dejábamos nuestras cervezas crecía hasta que yo apenás podía distinguir su cara y la seguí escuchando hablando en un idioma desconocido para mí.
"Se han llevado a mi padre al hospital," dijo.
"¿Qué?"
"Estoy embarazada."
En ese momento, la puerta del local se abrió violentamente y dos policias, armados con pistolas, entraron en el lugar. Gritaban constamente y por instinto, levanté las manos por encima de la cabeza. El mayor de los dos se me acercó sin mediar palabra y me colocó unas esposas, empujándome para sacarme del lugar y meterme dentro de un coche patrulla.

2.
En comisaría, me sentaron a una mesa y se colocaron cada uno a un lado. Mi silla era un viejo asiento de autobús. Podía ver a los lados la barra de hierro que lo había unido a los demas rota y oxidada bajo mis piernas. Yo estaba nervioso, preocupado porque no sabía lo que querían y era incapaz de comprenderles. Hablaban un idioma parecido al de la chica de antes, cuyo nombre ya no recordaba pese a que habíamos estado viviendo juntos los últimos dos años.
"¿Dónde guardaste el dinero?" preguntó uno de ellos.
"¿Cómo?"
"¿Dónde conseguisteis las drogas?" preguntó el segundo.
"Disculpadme, pero no puedo entender una palabra de lo que decís," les dije.
"¿Cuándo ibais a hacerlo?" me grita el primer policía.
"¿Dónde está el cadáver?" me grita el segundo.
Les veía acercarse a mi, intentando intimidarme y sentía su aliento en mi cara. Estaban muy cabreados y juro que de haber comprendido una palabra de lo que decían les hubiera contestado. Al final, parecieron darse cuenta de que no sabía nada.
"No sabe nada," dijo uno de ellos. "Enviemosle a la televisión y al menos podremos reírnos de él."
"¿Qué?"

3.
En el concurso, la presentadora vestía un traje diseñado para enseñar el máximo posible de sus tetas y desviar la atención del hecho de que es estrábica. Aun así, no puedo evitar pensar que tiene la mirada más bonita que jamás he visto. Por un momento me planteé el pedirle que huyera conmigo de toda esta locura. Gritarle a ella y a su mirada que las amaba, que las necesitaba y las cuidaría para siempre, pero entonces un tipo con bigote me sujetó y me obligo a sentarme en un viejo asiento de autobús arrancado. La chica me sonrió al principio, pero cuando notó que la estaba mirando a los ojos cambió el gesto. Noté que no estaba acostumbrada a ello e instintivamente, se miró su propio pecho para asegurarse que seguía siendo tan llamativo como pensaba.
Cogió las tarjetas que tenía perparadas y se dedicó a hacerme preguntas, en un idioma que yo no podía entender.
"Por diez puntos, ¿por qué has desperciado tu vida de está manera?"
Yo me removía en el asiento. De repente quería estar muy lejos de allí pero notaba todas las cámaras y espectadores fijos en mí, esperando una respuesta.
"¿Perdón?" dije.
"¡Correcto!" dijo la presentadora. Inmediatamente después añadió: "Por quince puntos más, ¿qué crees que pensarían tus padres si te vieran ahora?"
"¿Cómo?"
"¡Bravo, una nueva respuesta correcta pone a nuestro concursante con veinticinco puntos! Y ahora, por veinticinco puntos extra y el gran premio... ¿Piensas hacer algo al respecto?"
"¿Qué?"
A estas alturas, la presentadora no quería mirarme. Se encontraba llorando de rabia pero normalmente no le preocupaba, ya que nadie la miraba a la cara. Para ocultarse, dio unos pequeños saltitos, como de alegría, para centrar la atención de todo el mundo en sus pechos.
"¡Perfecto! ¡Hemos conseguido una puntuación perfecta! ¡El concursante acaba de ganar el viaje de su vida!"
Y así, mientras que yo intentaba decirle lo mucho que la adoraba y que necesitaba volver a verla, me cogieron entre dos gorilas y me sacaron de allí.

4.
El puente de la Entreprise estaba iluminado y todos me miraban esperándome. Me sentaron en el asiento de capitán, que contrastaba con el resto de la nave, ya que parecía que lo habían arrancado de un viejo autobús. El oficial de comunicaciones me estaba hablando y yo, con los ojos abiertos como platos e incapaz de reaccionar, no podía comprenderle.
"¿Qué hacemos con las comunicaciones que estamos recibiendo?" preguntó.
"Disculpa, ¿qué has dicho?"
La piloto parecía nerviosa. Miraba la pantalla de radar mientras que trasteaba con los mandos de la nave, hasta que se volvió hacia mí.
"¿Deberíamos esquivar los misiles que nos han disparado?" me dijo.
"¿Cómo?"
Por último el oficial médico me puso la mano en el hombro y en un idioma desconocido, me dijo:
"Tranquilo, esto es culpa tuya, pero aun así confiaremos en ti."
Le miré nervioso, aquello estaba empezando a ser preocupante, pero de repente, algo hizo temblar la nave y mirando a las pantallas pude ver como el planeta que estaba delante nuestra explotaba, lanzando fragmentos de roca en todas direcciones.
Sujeté los lados de mi silla para no caerme y miré a mi alrededor. Todos los miembros de la tripulación tenían sus ojos puestos en mi, esperando mi siguiente orden.
"¿Qué?"

5.
Y de camino a casa, tuve que esforzarme por seguir estando borracho.

[ Tags: mujeres, violencia ]
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