Fangoria

Por David el 16 de junio de 2009

Todavía recuerdo como te cabreabas cada vez que tenías que explicarle a alguien que tu camiseta era por la revista y no por el grupo. Recuerdo los días en tu sofá, fumando petas y escuchando a No Picky mientras que hablábamos sobre las posibilidades de supervivencia en un ataque zombi.
No Picky, una de esas cosas que compartíamos, sin que fuese de ninguno de los dos, como George Romero, como los Pixies, Sam Raimi, Gilliam... Todas esas maneras de definirnos sin hablar de nosotros mismos.
¿Quieres saber que más recuerdo? Recuerdo arrancar los carteles del concierto de Muse al que fuimos, recuerdo cuando me dibujabas y yo pretendía no darme cuenta y la manera en la que arrancabas esos dibujos y los tirabas para que no los viese. Recuerdo las cosas que eran realmente nuestras.
Y me encanta, cariño, me encanta verte ahora así. Me dices que todo cambia y que debería haber madurado y yo te digo que tú nunca deberías haber olvidado tus sueños. Entonces tú me gritas y me insultas y yo no puedo evitar susurrarte que te he escrito un poema. Claro, obviamente tú no quieres oírlo y me sueltas un puñetazo. Siempre fuiste así, ¿para qué usar una bofetada si puedes cerrar el puño y hacer daño de verdad?
¿Y quieres saber lo más irónico del caso? Que no sé si te habrás dado cuenta, pero los puñetazos también te hacen más daño a ti mismo. Puedes dar una bofetada y no sentir nada salvo un cosquilleo en la palma, pero suelta un buen puñetazo a mano desnuda, como los que tú das, y puedes romperte uno o más huesos fácilmente.

Así que vamos a rebobinar, ¿vale? Estábamos en tu sofá, viendo alguna de zombis y colocados, y tú me preguntas por el futuro. ¿Qué querías que te dijese? ¿En serio creías que estaba preparado para crecer, para cambiar? No lo estaba, pero tengo que confesarte algo, tú tampoco lo estabas. La diferencia es que yo no estaba intentando escudarme. Sí, cariño, acabo de hacerlo. Toda tu obsesión con mi inmadurez no era nada más que tu manera de pedirme ayuda.
Como tú no estabas preparada para crecer, me obligabas a hacerlo por ti.
Sí, volvemos con las ironías. Tú, la princesa que se convirtió en reina, la señorita que ascendió a señora, estabas tan desesperada por no asumir tu responsabilidad por crecer que me obligabas a mi a hacerlo y, como fui incapaz, volcaste tu frustración conmigo. No fui nada salvo tu excusa.

Pero la verdad es que me estoy desviando del tema, lo que realmente quería preguntarte es:
¿Quieres volver a salir conmigo?

[ Tags: mujeres ]
Comentario de Raúl

Dangerous games...

#1, 09 de septiembre de 2010, 05:33
Comentario de María Milán

"Entonces tú me gritas y me insultas y yo no puedo evitar susurrarte que te he escrito un poema" Grandiosa frase.

#2, 09 de septiembre de 2010, 05:33
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