Explosiones

Por David el 22 de mayo de 2009

Ruinas

“¿Estamos muertos ya?” me pregunta sin abrir los ojos ni cambiar de postura. Comienzo a acariciarle el pelo y le susurro al oído que todo va a salir bien.
El ruido de las explosiones es más continuo ahora y se ha convertido prácticamente en una nana que me adormece. Siento como ella se mueve un poco bajo mi mano intentando encontrar una postura cómoda. Su respiración se vuelve cada vez más pausada y poco a poco va quedándose dormida.
Me imagino como sería si uno de nuestros enemigos entrase por la puerta y nos viera, los dos abrazados y sentados en el sofá, ella dormida en mi regazo y yo jugando con su pelo. Quizá eso le enterneciese. Yo sé que no pienso asustarme nunca más, no reaccionaría, solo le miraría y le pediría que por favor no hiciera mucho ruido para no despertarla.
Sin moverme demasiado, pues no quiero despertarla, acerco mi cara a su pelo y lo huelo. No es la mejor idea que he tenido nunca, pues como yo, lleva varios días sin poder ducharse, pero aun así me embriaga su olor. Me siento invadido por un cúmulo de sensaciones que llegan incluso a aturdirme. Deseo que caiga la bomba ahora, que para siempre nos quedemos así, congelados en el tiempo y me doy cuenta que, a mi manera, me hace feliz estar justo aquí, justo ahora.

Por la mañana, cuando abro los ojos, la veo mirando por la ventana. No escucho explosiones, lo cual quiere decir que posiblemente esté sordo, pero para demostrarme que no es así, ella me habla:
“Se han ido.”
Y con esas tres palabras, me doy cuenta de que sigo vivo, al final hemos sobrevivido. Se me acerca y se sienta en el sofá conmigo.
“Gracias por quedarte aquí conmigo anoche,” me dice. “Por cierto, ¿cómo dijiste que te llamabas?”

 

 Foto por Jesús Fco Ortega

[ Tags: mujeres ]
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