Por David el 29 de septiembre de 2009
Mi móvil suena de repente indicando que me ha llegado un mensaje. Abro los ojos poco a poco, todavía dormido. Cojo el móvil y veo que el mensaje lo ha enviado ella. Hoy sería nuestro aniversario, ¿te has tirado a alguien para celebrarlo?
La verdad es que no lo sé. Las últimas dos noches han sido algo caóticas, de modo que me levanto y reviso el apartamento. No, no hay nadie así que seguramente no lo he hecho. Le respondo con otro mensaje: No, ¿tú? A los cinco minutos me contesta: Claro.
Me arreglo un poco, que en este caso es sencillamente meterme en la ducha y despejarme un poco y veo un post-it en mi nevera que me recuerda que hoy es un día de trabajo.
Me visto y salgo de casa. Cruzo la ciudad y me encierro en mi oficina, esperando no tener problemas, pero cuando llevo un par de horas, un recadero pregunta por mi. Me acerco y me da un ramo de flores que reconozco. Abro la nota y la leo: ¿Las reconoces? Es el mismo que me diste hace ahora un año. Te lo devuelvo y espero que hayas desarrollado alguna alergia rara y te maten.
Me decido a no contestar. Me duele demasiado la cabeza y estoy demasiado preocupado por sobrevivir. Le regalo el ramo a la primera chica que me pregunta por él y me guardo la nota.
Por la noche, destrozado, llego a casa y enciendo la televisión. Subo el volumen para dejar de escuchar mis pensamientos, pero no consigo acallar el sonido del móvil cuando me llega un nuevo mensaje: Aun te odio.
Respiro lentamente y le doy a responder. Letra a letra le contesto, esperando dejarle claro lo que pienso de este maldito juego:
Yo también te echo de menos. Lo siento.
Pulso enviar.