Por David el 01 de septiembre de 2009
Sentí un viejo escalofrío cuando la vi entrar de aquella manera. Déjà vu mezclado con la agradable sensación de anticipación sexual. Sólo ella era capaz de povocarme de esa manera, cruzando la puerta de la cafetería con ese contoneo que me hacía perder la cabeza. Se sentó frente a mi, mirándome tras sus enormes gafas de sol.
"Y bien," preguntó. "¿De qué querías hablar?"
"¿Me has echado de menos?"
Y sonriendo, sin quitarse las gafas, me contestó: "Claro que no, ¿por quien me tomas?"