Por David el 08 de septiembre de 2009
Mientras nos decidimos a salir de la cama, dejo que mis dedos acaricien las cicatrices que recorren su antebrazo, como si fueran un mapa de su pasado y, aún a sabiendas de que son autoinfringidas le pregunto:
"¿Quién te hizo esto?"
"Mi peor enemiga."
"Espero que por lo menos te hayas vengado," le digo con una sonrisa en los labios.
"Lo hice," me responde. "Ahora solo la dejo enamorarse de idiotas como tú."