Por David el 19 de mayo de 2009
Mientras me está atando las manos al cabecero de la cama le digo que esto no es lo que hace la gente normal.
“Cariño, cielo,” me susurra: “tú y yo no somos gente normal, ya lo sabes.”
Saca el pintalabios de su bolso y comienza a dibujar por mi pecho lineas aparentemente inconexas. Sencillamente deja que su mano trace líneas, dejándome intuir el camino que van a seguir sus uñas luego, cuando esté intentando volverme loco de pasión. Ahora mismo mis manos están sujetas pero sé que de un tirón podría soltarme ya que aun no ha apretado. Le digo que a lo mejor, solo a lo mejor, me gustaría ser alguien normal y de repente veo que me mira desesperada, ahora tiene miedo. Se arrodilla encima mía y me sujeta con firmeza por las mejillas.
“No, no, no, no, no,” me dice. “No quieres ser normal, no puedes hacerme esto. Mírate, no sabrías ser normal, he visto a la gente como nosotros intentando ser normales y créeme, no funciona. Te aburrirás, enfermarás y poco a poco te apagarás mientras que no dejas de lamentar lo que has perdido.”
Las últimas palabras son apenas un susurro. La notó que está esforzándose por no llorar. De repente estira las cuerdas y noto como corta la circulación de la sangre en mis muñecas. Ella nota mi gesto de dolor y mete el dedo para separarlas un poco. Evita que me hagan daño, pero las deja lo suficientemente firmes para que no pueda moverme. Recorre lentamente con los dedos las marcas que ha dejado con el pintalabios sobre mi pecho desnudo, pero algo es distinto. Normalmente en estos casos puedo ver la sed de sangre en sus ojos, pero hoy solo hay una cierta nostalgia, una tristeza que jamás le había notado.
Se levanta un poco y recogiendo la venda la coloca sobre mis ojos. La noto asegurándose de que soy incapaz de ver y mi deseo se dispara. Completamente desnudo como estoy sé que es obvio y aunque no puedo verla, en cuanto noto como sus dedos acarician con dulzura mi erección no puedo evitarlo y le digo que a lo mejor, solo a lo mejor, quiero algo más.
E, incapaz como soy ahora de moverme, de ver o de liberarme de estas ataduras, solo la noto como retira la mano y en ese preciso instante sé que jamás volveré a verla.
Y también sé que tendré que dar muchas explicaciones cuando llegue mi compañero de piso mañana por la mañana.