Por David el 13 de octubre de 2009
Permanezco de pie, con la espalda erguida y la mirada perdida entre las nubes. Llevo así siglos, esperando ser el primero en ver cuando comiencen a caer las bombas. Ella está sentada a mi lado, bebiendo de una lata de Coca-Cola que relleno con whisky antes. Permanece inquieta, puedo ver como se mueve aunque no despego mi vista del cielo. Si voy a morir, quiero ser el primero en saberlo.
Cuando considera que se ha aburrido lo suficiente se me acerca y me pone las manos en la cintura. Me besa suavemente en la nuca y susurra que tenemos que irnos. La dejo que me coja la mano y la sigo sin dejar de mirar al suelo. Le pregunto porque ella nunca mira al cielo y por una vez, me responde:
"Porque sé que tú estás mirando hacia allí y no quiero que se crucen nuestras miradas, no soporto que me veas llorar."