Por David el 11 de agosto de 2009
Giro el volante con fuerza y grito histérico:
“¡Puta curva, puta carretera en mitad de ningún puto sitio en mitad del puto desierto!”
Delante de mi aun puedo ver a mi objetivo, siempre lejos, como si se riese en mi cara. El jodido cabrón a veces me deja acercarme, sobre todo en las zonas de montaña, pero luego, como si se tratase de un juego, se separa de mi, se aleja, me hace creer que nunca llegaré a alcanzarle.
Y yo, encerrado en mi coche, me dejo llevar por la rabia y golpeo el volante con los puños.
Pero bueno, deja que el hijo de puta se confíe porque yo sigo convencido:
Algún día atraparé al puto horizonte.