Por David el 25 de agosto de 2009
Aun noto el sabor de tu aliento cada vez que respiro. Tus manos han dejado una marca en mi cuello, invisible, que solo yo siento. Si me toco con la lengua puedo rozar la pequeña marca que ha dejado ese piercing que tienes bajo el labio, a la izquierda, en el mío. Mi boca grita sin moverse o hacer un solo ruido por la tuya, pidiendo más, más, hambrienta de ti.
Han pasado horas y mi corazón no ha dejado de latir excitado desde ese beso, intentando saltar de mi pecho e ir a buscarte. Mientras tanto, el tuyo se ha calmado gracias a aquel que ahora tiene derecho a hacerte feliz para siempre y que por supuesto, no soy yo.