Por David el 04 de septiembre de 2009
Alcanzo a verla salir por la puerta e intento gritar para impedirle que se vaya. No obstante, las drogas están haciendo su efecto y la voz apenas abandona mis labios. Miro como las palabras que nunca le dije se agolpan tras mis labios y poco a poco caen al suelo, muertas. La frustración que siento me hace llorar como nunca antes lo he hecho.
Y entonces, justo cuando va a cerrar definitivamente la puerta, se gira solo un instante y al ver mi necesidad vuelve a enamorarse de mi. Viene corriendo a mis brazos, pero por el camino, tropieza con mis palabras y se hunde en el mar de mis lágrimas.