A ostia limpia

Por David el 12 de junio de 2009

La primera frase que le digo es la siguiente: “Es por tu propio bien.”
No estoy convencido de que me haya entendido, de modo que lo matizo: “Zorra.”
Entre medias, le he soltado tal ostia en la boca que la mano me arde de dolor. Decido no volver a darle un puñetazo de modo que comienzo a soltarle patadas mientras me río a carcajadas.
En ese momento entra por la puerta el policía, al que reconozco porque es un amigo del colegio. Le miro y veo que está mirando a la chica que se retuerce de dolor a mis pies. Inmediatamente pienso que aun estoy a tiempo de engañar al policía, hacerme el inocente, decirle que la cuando la encontré ya estaba así... Intento recuperar la compostura y le suelto otra patada en el estómago mientras le grito al policía: “La muy zorra se acostó con todos los miembros del grupo.”
El policía se me acerca. “Nunca has estado en un grupo, gilipollas,” me dice. Saca la porra lentamente y para evitar sentir dolor me desmayo antes de que me toque.

Abro los ojos y estoy apoyado en la barra de un bar. El policía está a mi lado pero ahora va vestido con una chaqueta vaquera sin mangas, una camiseta de Motorhead y unos pantalones de cuero. Me está diciendo algo pero no le entiendo, no obstante sé que quiere que empecemos a beber copas como si fueran chupitos. El camarero es un tapir gigante que nos pone dos copas de ron delante y se nos queda mirando. El policía coge su vaso y lo vacía de un trago. Después gira el vaso y golpea la barra con la boca hacia abajo.
Intento hacer lo mismo, pero mi garganta no se abre lo bastante y la mitad se derrama por encima de mi. Giro el vaso y golpeo la barra con él, pero con demasiada fuerza. El vaso revienta y los pedazos me desgarran la mano. Me quedo mirando como cae mi sangre sobre la barra y como se acumula en el borde antes de que, como a cámara lenta, se forme una gota que comienza a caer y sigue cayendo durante siglos hasta que de repente cae en un pequeño río donde comienza a diluirse mientras se separan sus proteínas y estás comienzan a deshacerse y a replicarse y luego a unirse formando organismos más complejos y así empezó la vida en la tierra y ahora hay peces y luego dinosaurios y luego ¡BUM! y luego monos.

Abro de nuevo los ojos y ahora estoy en un taxi y ella está a mi lado y me dice que como vuelva a montar ese espectáculo piensa dejarme durmiendo en el sofá durante meses. Siento que necesito preguntarle si alguna vez le he pegado.
“¿Alguna vez te he pegado?” le pregunto.
Me mira como intentando determinar si estoy amenazándola o si es una pregunta seria y cuando ve que jamás podría hacerle daño comienza a partirse de risa.
“¿Tú? Tú no podrías hacerme daño ni aunque quisieras.”

[ Tags: violencia, mujeres ]
Comentario de dd

Me encanta la violencia gratuita!

#1, 09 de septiembre de 2010, 05:21
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