Por David el 26 de mayo de 2010
Esto es una respuesta al siguiente artículo en grinding.be. La traducción al español está aquí.
They who can give up essential liberty to obtain a little temporary safety, deserve neither liberty nor safety.
Benjamin Franklin.
Antes que nada, estoy totalmente de acuerdo con Ben. El problema y el motivo por el que creo que es necesario comenzar a aceptar que estamos entrando en una era post-privacidad es que, aunque frecuentemente se confundan, privacidad y libertad no son lo mismo. Sé que mucha gente mira con pánico todos los nuevos cambios y extensiones a lo que se puede saber de nosotros y francamente, me parece incluso divertido. La gente suele olvidar que toda la información que añadimos en Internet es información que nosotros mismos hemos dado. Voy a intentar explicarme, pero lo he intentado en ocasiones y sé que la mayoría de gente seguirá prefiriendo su gorro de papel de plata.
¿Qué significa post-privacidad?
El flujo de información es cada vez más dinámico y el mantenimiento y distribución de esa información es cada vez más barato. Lo que escribo hoy, no solo puede leerlo alguien al otro lado del mundo, sino que con toda probabilidad podrá leerlo dentro de cincuenta años mi nieto si le da por buscar información sobre su abuelo. Por ese motivo y, sobre todo, porque quiero que mi nieto se sienta orgulloso de su abuelo, creo que es muy importante el saber que lo que escribo:
a) No tiene porque ser anónimo.
b) Va a estar al alcance de la gente.
Supongo que habréis escuchado alguna vez eso de esto no da buena imagen de ti. Ya sea un curriculum mal redactado, una carta de presentación a un puesto de traducción con faltas de ortografía (mea culpa, desde entonces siempre escribo ciencia-ficción con acento) o aquella foto de esa fiesta en la que... Bueno, ya sabéis por donde voy. El problema es que gracias al advenimiento de las redes sociales y a la proliferación de contenidos de usuario, cada vez es más fácil que todos estos detalles oscuros que queremos mantener ocultos salgan a la luz. Eso es algo malo, ¿no? A mi no me lo parece.
Creo que esto es la oportunidad ideal para madurar, para aceptar la responsabilidad de nuestras acciones y así, ser capaces de proyectar la imagen de nosotros mismos que queremos proyectar. "Eh, ¡yo no quiero que Facebook le diga a la gente que estoy cagando!" Estupendo, no se lo digas tú a Facebook. "Yo no quiero que mi jefe vea las fotos de la fiesta que hicimos el Viernes en mi casa." Perfecto, añade a tus contactos del trabajo a una lista de Facebook especial y restríngele el acceso a tus fotos.
El problema estriba en que las "opciones de privacidad" funcionan cada vez más de una manera pro-activa. Ya no se trata de publicar algo para tus amigos, sino de publicar algo y restringir el acceso a tus enemigos. Es decir, de que todos y cada uno de nuestros actos en Internet tengan consecuencias. Eso, a mi no me parece especialmente malo. Para volver al punto anterior, se trata de controlar la imagen de quien somos. De saber quienes somos y que imagen queremos. De tener claro que cuando actualizamos nuestro estado de Facebook no solo estamos poniendo un mensaje chorra para nuestros amigos, sino que estamos proyectándonos hacia el mundo.
También en grinding.be, hace poco m1k3y comenzaba a discutir el tema de la post-privacidad explicando como las redes sociales nos convierten a todos en estrellas en potencia. Al igual que los famosos temen a los paparazzi, nosotros tememos que nuestras madres encuentren nuestro Facebook. Estamos constantemente siendo revisados y controlados solo que nosotros no tenemos el dinero para contratar a asesores de imagen. Precisamente por eso, es necesario que tengamos muy claro en todo momento tres cuestiones:
1) Quiénes somos.
2) Qué queremos que se sepa de nosotros.
3) Cómo podemos demostrar a los demás quienes somos.
Pues no me parece bien que el Gran Hermano me vigile.
Las distopías orwellianas en las que la individualidad se considera pecado han calado bastante en nuestra percepción de estas perdidas de privacidad, pero es necesario entender que fueron escritas en una sociedad bastante más restrictiva. Otra diferencia notable es que en este caso la información es pública, no restringida a un ente de gobierno que pueda hacer con ella lo que desee (este punto es discutible, Facebook puede dar más miedo que el gobierno, desde luego, pero para eso tenemos Diaspora a la vuelta de la esquina, ¿no?
La cuestion es que muchas de las cosas que podían resultar “peligrosas” cuando Orwell escribió su 1984 son perfectamente normales y comprensibles ahora. Las muestras de individualidad son premiadas cuando lo merecen y castigadas de una manera bastante más justa. Ya no te meterán en la cárcel por ser gay, por creer en la anarquía como sistema de gobierno sostenible o por leer literatura antigua.
Reconozco que el cuadro que pinto es bastante optimista. Aún hoy cosas como ser gay o friki pueden costarte un trabajo, pero la ventaja de la democratización de la información es que cada vez esos ejemplos son menos y, en los casos en los que se dan, las opciones para afrontar las injusticias son mayores.
Pero, pero, pero...
No. No estoy defendiendo a las empresas que adquieren nuestros datos a base de estratagemas y mentiras. La idea detrás de todo esto es bastante más sencilla.
Acepta las responsabilidades de tus actos.
Como decía Google, si no quieres que algo se sepa, no lo hagas. El problema es que por mucho que nos guste negarlo, la mayoría de las veces, esa “búsqueda de privacidad” solo oculta un interés en ocultar nuestras actividades o pasado en lugar de aceptarlos como parte de nosotros.
Por difícil que sea, estamos ante una nueva manera de ver la sociedad en la que necesitamos ser conscientes de que cada uno de nuestros actos forma parte de una campaña de Branding personal en la cual demostramos al mundo quienes somos. Es duro, porque ninguno de nosotros tiene dinero para un asesor de imagen, pero tenemos que reeducarnos para entender que ya no podemos ocultar nuestros errores. Ahora nos toca aprender y aceptar lo que hemos hecho, con quien hemos estado y porque lo hemos hecho.
En definitiva, no es necesario poner el grito en el cielo por lo que Facebook haga o deje de hacer con nuestros datos. Lo que corresponde es comprender que si no lo hace Facebook lo hará la próxima, o la siguiente, por lo que es necesario aprender desde ya a estar orgullosos de lo que hacemos y asumirlo.
Quizá se deba a que yo soy un exhibicionista, pero sigo viendo este manantial de datos y detalles públicos como una oportunidad de demostrarle al mundo quien soy, más que preocuparme porque me conozcan demasiado. Y si no, activa las opciones de privacidad de tu Facebook.